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La distancia que nos separa

Es difícil definir la novela de Renato Cisneros; quizás habría que quedarse con lo que el propio autor nos dice al inicio de su obra “Este libro es una novela de autoficción”.

Y es que en el libro de 355 páginas Cisneros nos ofrece un relato de su vida y de la vida de su padre, el ‘gaucho’ Luis Cisneros Vizquerra, ministro del Interior del presidente de facto del Perú Francisco Morales Bermúdez y ministro de Guerra del presidente constitucional Fernando Belaunde.

Recuerdo que alguna vez vi la carátula de la revista Caretas a la que Renato Cisneros se refiere en el libro, aquella en la que aparece su padre en una actitud muy adusta y hasta desafiante. Así era él, ahora lo sé de primera mano gracias al relato que ha hecho Renato en la novela.

la distancia que nos separaEn las páginas – que se leen con gran facilidad y fluidez – Renato nos ofrece una visión descarnada de lo que significó su padre para él. De la vida que le tocó vivir debido al carácter fuerte de su padre y las circunstancias que moldearon la vida de la familia.

Cisneros Vizquerra fue amigo de promoción en el ejército de los oficiales argentinos que luego fueron condenados en su país por violación a los derechos humanos, fue ministro del Interior de un régimen de facto y ministro de Guerra de un gobierno que tuvo que enfrentar los primeros cinco años de la violencia terrorista de Sendero Luminoso.

No fue un padre promedio.

La infancia de Renato estuvo entonces marcada por todas estas circunstancias y el libro recoge la empresa a la que se avocó ahora que es un hombre adulto: Descubrir a la persona que realmente fue su padre.

Luego de leerlo, siento al libro como la catarsis escrita de Renato Cisneros, como una forma de sacarse los demonios interiores que llevaba dentro, por muchos años. Cuando uno escribe sobre lo que más siente, sobre lo que más abruma, se pueden generar obras como ésta, dolorosas, pero satisfactorias.

En su novela anterior (Raro) Cisneros me entretuvo, nada más. Ahora siento que conmueve y que logra conectarse con todos aquellos que tienen que descubrir algo de su familia, algo de su infancia. En ocasiones, la vida no es solo lo que recordamos sino también lo que los demás recuerdan de ella, y eso es lo que hizo Renato, recopiló los recuerdos de aquellos que habían formado parte de su vida – al menos de aquella parte en la que su padre participó. Ellos le dieron un panorama más amplio de ella, le dieron nueva información y nuevos datos sobre los cuales meditar. La vida de Renato no fue sencilla – nunca lo es para nadie, creo –, pero lo que otros le contaron sobre su padre le sirvió para escribir una novela mucho más lograda que sus obras anteriores.

No solo la recomiendo, la he comprado para obsequiarla a mis amigos, para que ellos también se adentren en este mundo.

 

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Presentación de Horrendos y Fascinantes

La falta de tiempo –y quizás algo de flojera– me ha apartado de los eventos a los que solía ir durante las noches. Luego de terminada la jornada laboral sentía necesario descansar, quedarme en la casa y navegar por Internet hasta que el sueño me venciera. Sin embargo, cuando a mi correo llegó la invitación a la presentación de un nuevo libro de José Donayre –como encargado de la selección y el prólogo– no pude sino armarme de fuerzas para salir del sillón y visitar a un antiguo amigo, y conocer su nueva obra.

Horrendos y fascinantes“Horrendos y Fascinantes: Antología de cuentos peruanos sobre monstruos” se presentó en la Casa de la Literatura el pasado miércoles 19 durante el Cuarto Congreso de Literatura Fantástica; la presentación y comentarios estuvieron a cargo de Elton Honores y, por supuesto, de Pepe Donayre.

Como es de rigor, Honores comenzó su presentación destacando el trabajo de Donayre de quien dijo que “tuvo el buen gusto de no incluirse”. Una frase que generó varias sonrisas, incluyendo la mía, por supuesto.

Luego de destacar algunos de los cuentos, Honores comenzó a analizar el concepto de monstruo que se maneja en la antología.

En esta obra lo monstruoso es lo anormal, aquello que es distinto al estándar social. Por ello, dentro de esta concepción, podemos encontrar que el monstruo puede ser un hacker o un asesino en serie; personajes que no caen dentro del ámbito fantástico sino dentro del ‘realismo’. De igual forma, estos personajes no se encuentran en los extramuros de la civilización –donde esperaríamos que se oculten los monstruos– sino que forman parte de nuestros círculos sociales.

“El monstruo es, en suma, una metáfora de nosotros mismos, lo que encontramos en nuestro reverso”, dijo Honores.

Por supuesto, esto no impide que dentro de los relatos que componen la antología se haya elegido monstruos que caen dentro de la concepción tradicional que maneja la sociedad, es decir, monstruos fantásticos como Drácula, Frankenstein o el Hombre Lobo, e incluso los zombis, monstruos ‘más modernos’ que los anteriores.

Finalmente, Honores se arriesgó a lanzar otra característica que dedujo de la obra antológica: La mujer como agente del mal. En los cuentos se pueden encontrar relatos en los que el elemento que causa el terror es una mujer.

¡Vaya! ¿Qué habrá pasado por las mentes de las mujeres que se encontraban durante la presentación? No lo sabremos, pues ninguna de ellas reaccionó ante el argumento. Al menos no visiblemente.

Pepe Donayre, luego, tomó la palabra y ofreció algo de información sobre sus proyectos futuros. Dijo que la antología podía entenderse, en realidad, como el primer capítulo de un proyecto mayor. Tiene planeado lanzar posteriormente una antología de “cuentos ultraviolentos” –suena interesante–, otra sobre ciencia ficción y una cuarta sobre cuentos policiales, aunque esta última para el próximo año.

Pepe admitió también que “casi” se incluye en el libro –no sé si bromeaba– pero que decidió no hacerlo. Y también señaló que los cuentos que más trabajo le costó conseguir fueron precisamente aquellos de los monstruos clásicos, es decir, el del hombre lobo y el de la momia.

“Pero valió la pena, porque son dos cuentos realmente extraordinarios”, señaló.

Luego de terminada la presentación –y de las fotos– me acerqué junto a mi delgada a saludarlo y despedirme. La presentación había terminado y era el momento de ir a casa. Pero antes revisé el libro y mi delgada me lo compró.

La antología consta de 27 cuentos escritos por Juan Carlos Townsend, Alfredo Dammert, Gonzalo Málaga, José B. Adolph, Enrique Prochazka, John R. Ancka, Carlos Calderón Fajardo, Hans Rothgiesser, Víctor Miró Quesada, Carlos Carrillo, Salvador Luis, Daniel Salvo, Rocío Silva Santisteban, José Gabriel Ortega, Alejandro Neyra, Yuri Vásquez, Nilo Espinoza Haro, Alina Gadea, Fernando Iwasaki, Miguel Ángel Vallejo, Rodolfo Ybarra, José Güich, César Silva Santisteban, Víctor Coral, Lucho Zúñiga, Alfredo Castellanos y Jorge Casilla.

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De izquierda a derecha: Daniel Salvo, Hans Rothgiesser, José Donayre, Alina Gadea, Alfredo Dammert y Jorge Casilla.

El prólogo (Todos los monstruos… El monstruo) es de José Donayre y comenzaré a leerlo –y espero disfrutarlo– pronto.